Una reflexión sobre la paz mental al dejar de liderar batallas que no te corresponden y existir sin culpas.
Hola comunidad, buen día, deseándoles que estén muy bien. Hoy deseo escribirles acerca de un sentimiento que debería tener su propio nombre, me refiero a sentir paz mental por no deberle nada a nadie.
Les cuento: esta mañana, estaba en la cocina terminando de limpiar después del desayuno, y así nada más por estar sentí paz. Pero no era cualquier paz, me sentí liberada porque no sentía ese peso de la responsabilidad hacia otros.
La verdad se sintió bien padre y no estoy segura de qué lo causó. Pero está mejor que cuando de la nada te llega un sentimiento de tristeza. Entonces creo yo que algo de lo que estoy haciendo/practicando está dando buenos resultados.
Lo único que puedo relacionar, es que en estos días he notado que poco a poco y con la práctica voy soltando algunas de las creencias acerca de “mi rol” con otras personas. Me refiero a obligaciones autoimpuestas, por ejemplo, tener que llamar a un familiar aunque no quiera, porque somos familia, hacer favores que no quiero o tener que hacer ciertas cosas en casa porque soy esposa.
En esto de soltar creencias, lo primero que uno piensa es que podría debilitarse una relación, lastimar a otra persona por mi “falta de interés o egoísmo”. Es algo un tanto confuso porque, a la vez, nos dicen “cuídate a ti primero y luego a los demás”. Adicional a que quizá muchas de las cosas que hacemos por otros ni nos las pidieron, ni entienden por qué haces lo que haces.
En sí, parece que el truco no está en cómo interactúas con otras personas, sino desde donde lo estás haciendo.
¿Es porque crees que estás obligada a ello, según el rol (es que son mi familia o amigos), o realmente viene de disfrutar de hacer algo por alguien más? De hecho, existe mucho material acerca de este debate. Algunos, como el canal de Instituto Cultivo, hablan acerca de la deuda emocional, mientras otros se debaten en la conveniencia de las nuevas generaciones.
Para ser honestos, se siente bonito existir, sin sentir que les debes a las otras personas. Se siente bonito estar presente con paz mental. Sin tantas obligaciones que uno mismo se inventa, pero sabes que estás allí listo para responder de corazón cuando aquellos que quieres te necesitan.
Algo que noté sobre ese proceso de soltar fue, que ya no estoy sufriendo por problemas ajenos. En una entrada de hace unos meses en el blog, escribí “Esa no es tu ola y ni surfista eres”, justo refiriéndome a subirnos en problemas ajenos.
Resulta que en la práctica, sí he logrado evitar subirme a olas ajenas. Al inicio, en serio, me ponía el freno para callarme, porque si no, allí estaba liderando lo que no me compete. Aunque tomó tiempo, al volverme solo espectadora, pude ver cómo los que sí tenían que subirse a la ola, lo hicieron y aún siguen navegando. No todos los problemas están resueltos o se resolvieron como uno hubiera querido, pero resulta que todo está bien, la vida sigue.
Con el tiempo se vuelve más fácil mantenerse al margen de los problemas ajenos. Quiero contarles un ejemplo de lo que pasó ayer.
Estaba yo podando el pasto frente a la casa y arrancando hierbas. Cuando en la casa de enfrente unos trabajadores que cortaban ramas secas de un árbol que es muy alto, no sé por qué, de repente se empezaron a insultar entre ellos. Se dijeron de todo, a uno le mentaron la madre, y la pelea a gritos duró su rato. Me sentí triste, no por ellos, sino porque se me fue la paz en ese momento. Ya no estaba yo, cuidando del frente de mi casa a gusto, sino que tenía que trabajar más rápido para poder irme, por si se ponía peor o al menos dejar de escuchar sus palabrotas.
Al final uno de ellos se marchó, y el otro siguió gritando al teléfono contándole a alguien lo ocurrido. Me quede pensando… si mi versión anterior hubiera intervenido para ir a querer resolver el conflicto entre ellos. Y aunque no sepa la respuesta. Me alegra saber que la versión de hoy no se involucró y se enfocó en la forma más rápida de salir de allí.
Como ven, los problemas a veces literalmente se los encuentra uno enfrente de su casa; si eso es lo que uno busca. Así que agregar autoexigencias o no saber poner límites a las personas que están a nuestro alrededor, nos puede hacer perder esa sensación de paz y libertad con uno mismo.
Como personas, todos tenemos nuestros procesos. La mayoría del tiempo es difícil determinar de forma inmediata si las pequeñas acciones que realizamos están realmente generando un cambio que nos beneficie. Por lo cual hoy no quiero forzar un discurso, de “con el tiempo si practican nuevos cambios verán resultados”.
Porque tampoco es mi rol brindar consejos no solicitados, hoy me abstengo de recomendarles qué hacer, y no me subiré a una ola que no es mía.
Lo que sí puedo hacer, es mandarles buenas vibras y ánimo donde estés y con el reto al cual te enfrentas.
Abrazos,
Suzz







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