vivir en balance

Ni víctima ni paracaidista: el balance de vivir hoy

Buen día mi gente maravillosa, ¿cómo están? ¿Cómo me los trata la vida?

Por aquí todo bien, después del tornado. Sí, así como lo leen: tan solo horas después de haber publicado “La libertad de dejar de tener el control”, me encontraba resguardada en el sótano con mi esposo, nuestros pasaportes, una linterna y los cargadores. Pasamos 45 minutos allí abajo esperando a que un tornado pasara por Detroit y, con suerte, no se llevara nuestra casa ni la de los vecinos.

Mientras esperaba allí abajo y seguía las noticias en el celular, pensaba en cómo la vida nos recuerda de golpe lo vulnerables que somos; no hay mejor baño de humildad que la madre naturaleza llegando a tu propio vecindario. La semana pasada hablábamos de soltar y de la libertad que eso nos trae. Sin embargo, hay una gran diferencia entre querer soltar voluntariamente y que algo externo, sobre lo cual no tienes el más mínimo control, venga a quitártelo todo.

Frente a algo tan arrollador, es fácil caer en la postura de víctima, con el tradicional «¿por qué a mí?». Pero la verdad es que cuando se trata de un tornado, un huracán o un incendio forestal que toca a tu puerta, no hay mucho margen para el reclamo. El «¿por qué yo?» se queda corto ante la magnitud de la madre naturaleza pasando o ante las consecuencias del calentamiento global acumuladas por acciones de billones de personas. Hay miles de razones de fondo, pero al final la realidad es simple y contundente: no podemos pararnos frente a un tornado a decirle «por aquí no».pexels

Ante algo así, solo queda resguardarse en un lugar seguro y esperar a que pase. Y no quiero romantizar esta idea porque no hay forma de hacerlo: a nadie le gusta verse en esa situación y en ese punto no nos queda más que aferrarnos a la suerte para no ganar esa lotería de un desastre natural o una enfermedad mortal.

Esa misma tendencia a romantizar ocurre cuando escuchamos frases hechas como «vive tu día al límite como si fuera el último, porque nadie tiene garantizado el mañana». En lo personal, cuando escuchaba esa frase solía imaginarme tirándome en paracaídas o haciendo cosas extremas para sentir que realmente estaba «viviendo al límite».

Con el tiempo y agregandole días como el de este tornado, me he dado cuenta de que no se trata de irse a ninguno de los dos extremos. Ni podemos vivir paralizados por el terror a la siguiente tormenta, ni tampoco tenemos que salir a tirarnos de un paracaídas si es algo que nunca hemos deseado. Se trata más bien de encontrar un balance honesto y definir qué significa realmente para cada uno de nosotros «vivir el hoy».

Para mí, hoy significa no acumular arrepentimientos con las personas que quiero, resolver los malentendidos a tiempo sin dejar que el orgullo gane, y no aferrarme a las cosas materiales. Aprendí a reconocer la función de los objetos que me rodean y a disfrutar de la comodidad que me brindan, pero con un límite claro: recordando siempre que no existe ningún objeto en la tierra que valga más que la vida misma.

Bueno mi gente, así estuvo el resumen de esta semana. Les mando un fuerte abrazo y muchos ánimos, deseando de corazón que todos estén bien y puedan encontrar paz con lo que hoy tenemos.

Saludos,

Suzz

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