Buenos días, gente maravillosa, gracias por seguir intentándole a esta aventura de vivir. Que no sea el tiempo el que nos convenza de que vale la pena vivir, sino nosotros mismos al abrir los ojos cada mañana. Les cuento que Detroit amaneció hermoso, un sol de esos brillantes, que me hace pensar que aquí no existe el invierno.

También compartirles que ayer fue mi tercera entrevista para un puesto al que estoy aplicando. En sí, hoy, no les vengo a contar sobre la entrevista y el proceso, sino lo que ocurrió después de ello. ¡Porque fui secuestrada por mis pensamientos! Ya sé que suena un poco exagerada la palabra “secuestro”, pero seguro ya les ha pasado en algún momento. 

Este momento donde su mente permanece horas repitiendo lo que dijo, lo que quisiera haber dicho diferente y hasta nuevas respuestas que ya nadie escuchará, porque la entrevista concluyó hace más de cinco horas y por alguna razón su mente se quedó atorada en ese momento, y sigue repasando y respondiendo.

Toda la tarde del día de ayer y parte de esta mañana se convirtió en un intento fútil de escapar de este secuestro mental, y como sabrán, entre más te esfuerzas en no pensar en el elefante rosa, más resalta el elefante rosa. 

Lo molesto de permitir ser secuestrado por los pensamientos, es que afecta el resto de tu día, hay más cosas que deseas o tienes que hacer, pero solo tu cuerpo está allí puesto. Estás limpiando tu casa o haciendo deberes, sabrá cómo, porque tu mente ya se fue a otro debate interno y se lleva consigo toda la energía.

Por lógica sé que ya no hay más que pueda hacer sobre un momento que ya concluyó, pero el hecho de ver el estado en que se encuentra mi mente después de ello es un reflejo de lo mucho que me apagué a la idea de ese trabajo. 

En algún paso de ese proceso mi mente empezó a convencerse a sí misma de que ese trabajo es la solución a todo. Ya saben, la típica de “en cuanto consiga ese trabajo vas a ver cómo todo mejora”. 

Y no es de extrañarse entonces que bajo esa idea de la “única solución”, ahora que ya solo queda esperar el resultado, la mente está entrando en un estado de incredulidad y miedo a la incertidumbre de no poder controlar la decisión que se tomará después de esa entrevista. 

Hay muchas partes de toda esta historia que quisiera cambiar, pero en lugar de ello trabajaré en aceptar que para estar bien y feliz mentalmente debo soltar lo que pasa y lo que no pasa. 

Hice lo que pude, me preparé de la mejor manera y lo demás ya no está en mis manos, no importa cuántas horas mi mente invierta en mejorar una respuesta que ya fue dicha. 

En el fondo, es aceptar que llegará el momento en el cual pueda encontrar ese trabajo que estoy buscando y también aceptar que quizá no llegue el trabajo que yo imagine. ¿Qué opinan gente? ¿Vendrán estas palabras de una mente que está por darse por vencida o de una que desea crecer con los procesos?

Hoy desconozco la respuesta a esa pregunta. Solo espero pronto lograr sacar a mi mente de esa entrevista que ya pasó, y aprovechar su hermosa agilidad de pensamiento para las muchas cosas más que hay pendientes aquí en la casa. Les continuaré comentando cómo se desarrolla esta historia. ¡Sin más, deseales un hermoso día!

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