
Buen día, gente hermosa. ¿Cómo están? ¿Cómo va la semana?
Por aquí tranquilo, ayer salí a caminar un rato con mi mamá, y de verdad que caminar ayuda mucho. Me encantaría que mi zona fuera más segura, porque si hay robos, suelen en ocasiones haber disparos y peleas de pandillas. Pero, poco a poco, se ve cómo Detroit va mejorando, y es importante para todo mantener ese enfoque.
Para mí Detroit es un excelente ejemplo de resiliencia. Tiene una historia increíble de cómo ha salido adelante, y esa historia se ve reflejada en los muros de sus casas. Desde lotes vacíos que alguna vez fueron una hermosa comunidad, hasta casas históricas que han sido preservadas con belleza y delicadeza. Casas que no se han detenido en el tiempo sino que han sabido adaptarse, conservar lo mejor de sus características y mezclarlo con lo nuevo.
No es usual que me enfoque en hablarles sobre Detroit, probablemente es que me siento inspirada por la caminata de ayer. De hecho, ayer no fue un día perfecto para mí, hay muchas cosas que se descuadraron, e inicialmente iba a hablar sobre ello y qué aprendí de esa experiencia. No obstante,
Hay momentos donde ya no necesitamos analizar todo lo que no salió como esperábamos en el dia, es primordial seguir avanzando.
Más si lo que tratamos de corregir no tiene un efecto en el tiempo, es decir, si son cosas que ya no recordaremos la siguiente semana, ¿vale la pena analizar y aprender de cada detalle? Mi respuesta es no. Como humanos, cometeremos muchos errores en el camino y siempre que hagas las cosas sin el afán de lastimar a alguien, y saber reconocer cuando disculparte, no es necesario analizar qué fue lo que salió mal en cada uno de nuestros días.
Eso sí, si hay algo que quieres trabajar y cada día se repite, ya es otra historia. Esta reflexión es más hacia evitar caer en querer corregir todo de la noche a la mañana.
Así como la ciudad de Detroit se enfoca en recuperar y redefinirse a sí misma, sin detenerse a hablar de cada detalle que no está bien. Considero que es de suma importancia enfocarnos en lo que es relevante, en aquello que cultiva nuestro bienestar para los siguientes años. El punto es no clavarse o permitir un sobreanálisis que haga cada día más cansado de lo que realmente debía ser.
Es un balance fino entre querer mejorar como personas y aceptar que la vida viene con retos e imperfecciones.
Mientras aprendemos a filtrar y dejar pasar rápidamente los detalles que no agregan valor en el futuro, busquemos recordar y preguntarnos nuevamente para dónde vamos y cómo nos imaginamos en ese futuro.
Para mí, como ya habrán notado por el blog, lo que deseo es un futuro de paz, donde me sienta satisfecha con lo que ya hay y con lo que no hay. Es decir, un enfoque que deja ir el ego y lo material, simplemente agradecida por habitar un cuerpo saludable que me permita explorar este mundo maravilloso.
Sin más, saludos desde Detroit, una ciudad tan hermosamente perfecta en lo imperfecto.






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