¡Hola, muy buenos días, comunidad! Espero que se encuentren bien, llenos de ánimo y salud. Con cada día que pasa aquí en Detroit, se sienten cada vez más el calor y el regreso de las plantas. Todas las mañanas puedo escuchar a las aves cantar y me siento rodeada de vida. 

El día de hoy es un día normal, sin nada extraordinario, trabajo y preparo la casa para mi mamá, que llega de visita mañana. Algo que me gusta de poder escribirles en un martes normal es justo ese recordatorio de que todo está bien, que nuestra normalidad está bien. El pensar en las tantas cosas que he llegado a ver en redes sociales, sobre vivir una vida “increíble”, comer en el lugar “de moda” o el siguiente aparato que “solucionará tu vida”, ahora que puedo verlo desde otra perspectiva me impresiona tanto lo complejo que se han vuelto los mercados, el marketing y lo fácil que es envolvernos y atraparnos en un ciclo de consumo.

Si estás leyendo esto y sientes que estás en ese ciclo (yo también), para que no sientas tanta culpa o remordimiento, te recuerdo que estamos jugando contra maestros, gente que dedica horas, análisis y grandes cantidades de dinero para entender cómo hacer que compremos más. 

Para poder salir poco a poco de esa red social de consumismo, se necesita una práctica consciente. 

Hasta que logremos sentirnos bien con quienes somos y dónde estamos. Hasta que nuestro ego no se ofenda al ver las cosas que tiene el vecino, su jardín, su carro, su ropa, donde hace su mandado. Sentir orgullo por quien eres y lo que vales realmente es algo hermoso, y no existe objeto en la tierra que pueda valer más que tú mismo. No hay nada más valioso y preciado que la vida, y por ello en el fondo considero que todo aquello que busque ponerse por encima de la vida realmente no vale la pena. 

¿A qué me refiero con todo aquello que se pone por encima de la vida misma?

Bueno, cualquier empresa o persona, que aun sabiendo que afecta el bienestar de la persona, sigue adelante en su afán de hacer crecer su dinero. Desde una fábrica que sabe que contamina el agua de la gente alrededor, hasta un jefe que está dispuesto a sacrificar las horas de calidad, fines de semana y festivos de sus equipos de trabajo con el fin de producir más y generar más dinero cada año. 

Ahora porque en un martes común y corriente les escribo sobre esto, creo que es porque me ha tomado años entenderlo, y hasta hoy que tengo el tiempo, la claridad y paz mental para hablar en contra de estos hábitos. Nuestra sociedad y nuestros sistemas se han vuelto tan complejos, que entenderlos es una maravilla. Hablar del bienestar de las personas en ocasiones se convierte en un juego político entre partidos y un eslogan de las empresas para que les compren su producto. 

No obstante, cuando las bases de bienestar se miden en tiempo, pienso en el tiempo que sacrificamos para poder subsistir, pagar cosas, techo y comida. La dignidad que dejamos atrás al aguantar a jefes, compañeros o clientes para llevar algo a nuestras familias. Si valió la pena o no, no es algo que se pueda responder tal cual, de hecho, ni cambiarlo el pasado podemos. Por eso es tan importante para mí el recordar mantenerse en el presente y encontrar la manera de estar bien conmigo, sin salir corriendo a comprar algo que llene mis vacíos. 

Por eso les dejo mi propio slogan ““¡Vive al máximo tu vida ahorita así como estás!” (Compralo ya, en tu propia tienda participante)”.

¡Saludos, mi gente hermosa!

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