¡Muy bonito inicio de semana, comunidad hermosa!
Les cuento que hoy me costó levantarme, sí hice mi poquito de rutina de la mañana con lo que traía de energía, y después de un par de horas, ya bien desayunada empecé a limpiar la cocina, tenía como una hora antes de entrar a trabajar.
Ya había escrito en una reflexión anterior sobre los beneficios de limpiar los espacios de tu casa desde un enfoque terapéutico. Observo que mi cerebro ya lo asume así, porque hasta siento una sensación de logro cada que completo una tarea de limpieza.
También esta mañana estaba escuchando un podcast sobre detox o desintoxicación del cuerpo, y por primera vez vi que una doctora mencionaba la importancia de desintoxicar la mente como parte de ese proceso. Es decir, cuando se habla de liberar toxinas del cuerpo, no solo es lo que comemos. Me impresionó mucho aprender de ello, y ahora le veo aún más sentido a hacer prácticas como el ejercicio, el yoga, la meditación, el agradecimiento y la escritura que complementen ese bienestar en mí.
Digamos que puedes estar comiendo basado en la mejor dieta, pero si nuestra cabecita se deja ir en remolinos de preocupaciones, como bien sabemos, va a estar bien difícil sentirse bien.
Me encantó escuchar acerca de ello, y aunque apenas lo entiendo desde la superficie, sé que hace sentido para mí y vale la pena practicar.
El reto de mantener una mente sana es grande, ya que si no estamos alerta, los temas negativos o aquello que a ti te dispara el estrés literal ya se mete por todos lados. El dispositivo con el que estás leyendo este blog es el mismo, que si se lo permites te da acceso a esos caminos que queremos evitar. Adicionalmente, a las personas que te rodean, ya sea en el trabajo, los grupos sociales que frecuentas o aquellos con quienes vives dentro de casa. Ya que son personas y a veces incluso sin mala intención pueden generar algo negativo para ti, depende de nosotros marcar ese límite o retirarnos del espacio. Puedes incluso encontrar maneras creativas de hacerlo sin lastimar a otras personas.
Dicho esto, por ejemplo, justo el miércoles llega mi mamá de visita y se quedará casi dos semanas con nosotros. Mi mamá, a quien admiro mucho y amo, tiene la impresionante habilidad de hacerme sentir frustrada, impaciente y enojada en cuestión de minutos. Quizá porque ella puede reflejar partes que no me gustan de mí, o porque al ser mi mamá, creo yo en mi iluso subconsciente tener derecho sobre ella. Entonces estas dos semanas serán un regalo hermoso de práctica de amor con paciencia. Ya ven así como ahora los padres y madres practican la crianza respetuosa, debería haber algo similar para los adultos con madres y padres mayores que se llame volvamos a conocernos desde el respeto, o algo por el estilo.
Digo re-conociéndonos, porque mi madre es la persona que me ha visto durante los últimos 38 años, y yo a ella. Ambas partes caemos en el error de asumir que ya conocemos a la otra persona. De hecho, cuando yo era adolescente, tenía muy pegada la frase de “la gente nunca cambia”; yo estaba segura de que nunca cambiaría. Ahora me río al ver cuántas cosas de mí han cambiado. Cada quien a su paso va trabajando en una versión de sí mismo, la cual en ese momento considera ser la mejor o con lo que uno puede.
Mientras mi madre me da una cátedra magistral de paciencia y baño de humildad, utilizaré un enfoque algo diferente a lo a lo que estoy acostumbrada. La trataré de conocer como si fuera una persona nueva, preguntando lo básico, qué le gusta comer, a qué horas duerme, qué le gusta hacer en el día, sin asumir absolutamente nada de lo que he visto y recuerdo. Con el objetivo de promover esa práctica de ella hacia mí. Con el fin de presentar esta versión “seminueva” de mí, bajo la cual quiero ser tratada.
Seguro será algo gracioso que les podré estar contando pronto. Sin más, desearles un excelente inicio de semana.

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