¡Bonita mañana, gente maravillosa! Hoy en Detroit hace un hermoso día soleado y parece que habrá calor por la tarde. Por aquí todo muy bien, rodeados de gente trabajadora que de alguna manera está sacando a su familia adelante al venirse a trabajar a la USA.
Ayer vi algo que me dejó pensando, mi madre, a quien admiro, tiene un pequeño trabajo que en sí solo es los lunes por unas horas en la computadora. Ella no aprendió mucho de computación y le cuesta. Durante esa sesión adicional a lo que le cuesta la tecnología, sus compañeras se estaban quejando de que se toma mucho tiempo para hacer las cosas a diferencia de la persona anterior. Observe cómo mi mamá ignoraba los comentarios, mientras trataba de solucionar sus retos con la computadora.
Me quede pensando ¿por qué soporta eso? ¿Por qué las ignora? Luego recordé que yo también como parte de mi trabajo de intérprete en muchas llamadas insultan, gritan, etc. Siempre me repito que no es conmigo que yo soy el puente de comunicación.
Tras ver a esas mujeres criticando las habilidades de mamá en computación frente a toda una junta, lo que noto es que todos los que trabajamos en algo, de alguna manera, lo racionalizamos. Tenemos una explicación de por qué aguantamos mal trato o comentarios que atentan contra nuestra dignidad. Por trabajo y por dinero, encontramos una explicación que nos hace sentido y estamos dispuestos a aguantar.
Esto no lo digo, con incitar a que dejemos todo tirado y que merecemos que nos traten mejor, yo sé que todos tenemos y algunos disfrutan mucho su trabajo y lo realizan con orgullo, entonces no es dejar todo tirado hasta encontrar ese ambiente de trabajo perfecto.
¿Más bien, identificar en qué momentos nosotros mismos nos convertimos en esa persona?
Realmente sería mentirles, si digo que podemos evitar o detener la forma en la que nos tratan allá afuera. Aquellas personas que vemos a diario sí podemos colocar límites, no obstante, no sabemos qué día llegará el cliente molesto o en la calle encontrar a alguien que te dirá cosas horribles nada más por ir pasando y existir.
Aquellas ocasiones en que no nos importa hacer comentarios groseros solo porque no recibimos un buen servicio o la compañía en sí no es capaz de cumplir con lo que promete a sus clientes. Cuando estamos molestos, podemos decir cosas horribles aun a personas que sabemos que no lo merecen.
Hoy en Día Soleado, buscamos reflexionar sobre ser una mejor persona. ¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase, sin saber lo que significa? Pero hoy les digo que con al menos no hacerle miserable la vida a alguien que está trabajando para llevar comida a casa, con ello ya estamos del otro lado. Ni siquiera ser amable, nada más tragarse el comentario grosero o los insultos.
A pegarle a la almohada por todas las injusticias que nos pasan, ni modo, solo no destruyamos a otro pobre ser humano que está en las mismas que nosotros si no es que peor.
Me quedo con esta idea, hoy en un martes común y corriente, deseando que puedan disfrutar su semana, y les toque atender a puros clientes geniales y buena onda.
Abrazos desde Detroit.

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