Buenos días, gente maravillosa, es viernes, y el cuerpo lo sabe, sí que sí. Los viernes ya ni pregunto cómo están, lo puedo imaginar. Emocionados, contentos, animados, con mucha energía y a dos comentarios de dejar el trabajo tirado.
Quería cerrar la entrada de ayer sobre despresurizar la mente comentando que disfruté bastante esa actividad. Salí a andar en bici después del trabajo, hay un parque a unos 15 minutos y pude sentarme un rato a ver las hojas de los árboles. Al regreso me caí porque me pongo nerviosa con los carros (no fue una caída fuerte), pero sí graciosa, y luego regresé a hacer un poco de ejercicio con pesas y terminar de leer una novela de misterio que tenía meses allí esperando en las últimas hojas.
En días como ayer es que recuerdo lo afortunada que soy y lo mucho que ya tengo en la vida, que es tener tiempo para mí. Sé que venía de estar ansiosa sobre conseguir un trabajo y si respondí correctamente en la entrevista.
Al final del día, aplicar un trabajo es un proceso donde pones de tu parte, pero no puedes controlar la decisión final, solo puedes aceptar. Es normal que nos sintamos mal porque, de alguna manera, implica aceptar que nos están rechazando. Es bien fácil escribir palabras como “es normal”, “hay que aceptar el rechazo”, etc. Ahora cada quien tendrá que trabajar a su manera como permite que este le afecte.
Para mi suerte ya hoy me siento bastante animada y con ganas de seguir buscando un trabajo que no solo llene el bolsillo, sino que se sienta bonito hacerlo, al menos la mayor parte de las veces.
Mi gente, es viernes y no les entretengo más, espero que se la puedan pasar bonito hoy y cada día de su vida. ¡Les mando muchas buenas vibras y que puedan tener muchos días soleados!

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