Buenos días, gente bonita, hoy amaneció soleado, así es, día soleado de veras. Con ello recordarles que hoy jueves toca sacar la basura por aquí, y estamos sacando basura física y mental. A dejar ir eso que se haya juntado en la semana y nos pueda generar enfermedades.
Estoy en el día 12 del Club de las 5 am y he llegado a la parte del libro donde describen el 20-20-20. No quiero arruinar la historia del libro para nadie, pero sí ahora con mis ojos de la normalidad puedo notar dónde el libro empuja a ser extraordinario, a darlo todo para cumplir tus metas. Hay que tomar en cuenta que ningún autor de desarrollo personal dice esto con mal sentido o con el fin de dañar a alguien, sino que a veces nosotros como lectores (o sea, yo pues) entendemos el “darlo todo” quizá un tanto literal, sin identificar cuál es el límite correcto y sano para la realidad en la que nos encontramos.
O sea si hay que ir a con todo para cumplir nuestras metas, pero tampoco te pases eh…
Algo muy importante a tener en cuenta es que cada realidad es diferente, y el darlo todo por una meta puede significar que el sacrificio que conlleva sea muy diferente para cada quien. Digo esto porque reconozco que, en su momento, me llegué a tomar las cosas bastante literal y a darlo todo; en muchas ocasiones, especialmente durante mi carrera profesional, significó no comer, trabajar los fin de semana, poner a mi familia en segundo plano, posponer el descanso, entre muchas otras cosas que significan darlo todo por la empresa, darlo todo por mi carrera profesional. Llegué hasta sentirme orgullosa cuando me salté la comida para avanzar en el trabajo, ahora siento algo de pesar por haberme tratado así, pero he aprendido a cuidarme más bonito.
Una vez que ya tienes claros los límites sanos de tu “darlo todo”, incluso los resultados son más eficientes y productivos, o quizá simplemente hace más sentido cuando ya están alineados con tus valores y con lo que es importante para ti. No obstante, realmente este es un ejercicio que cada quien debe realizar y analizar, sé que con el tiempo nuestras necesidades cambian, y para finales de nuestros 30s algunos de nosotros ya tienen una base bastante sólida en cuanto a su identidad y qué es lo importante para cada quien.
Dicho eso, últimamente yo había santanizado mucho mi experiencia de ser una empleada trabajadora, godín como decían en uno de mis últimos trabajos antes de mudarme. La verdad es que mi última experiencia de trabajo allí no fue muy buena, me llevé malos ratos y culpe al sistema de empresa-empleado de muchas cosas.
Un año después, en un trabajo desde casa con menor paga, mi mente está tranquila, y me permite reconocer dónde permití que mis límites fueran rebasados y que salió mal. Se dirá lo que quieran de estar en un trabajo de 60 horas, donde solo te pagan las primeras 40 horas, pero yo apliqué al puesto, yo mandé mi cv, y firmé encantada pensando en el salario que iba a ganar. En pocas palabras, yo me puse allí y sólo yo sabía si me sentía bien con ello y si no, pues tampoco es una cárcel, se sale uno cuando pueda.
Para resumir, el “darlo todo” es un concepto bonito que se ve mucho en los libros y cursos de desarrollo personal, pero hay que saber interpretar y adaptar a la realidad de lo que queremos. Si nos vamos ahora sí que darlo todo sin la versión adaptada a tus valores y objetivos, esta acción pierde en su totalidad el sentido mismo y llegará un punto donde ya ni siquiera sabes por qué estás donde estás y cuestionando tus acciones cada mañana.
Este es un tema al que le estoy tomando mucho cariño ahora que apenas empieza a hacer sentido y ya dejó de doler como antes. Pero ¿qué opinan ustedes, les tocó darlo todo y terminaron frustrados sin saber cómo llegaron allí?
Sin más, desearles un bonito día

Deja un comentario